Las lagunas de la CNMC

 CIAE (Confederación Intersectorial de Autónomos del Estado Español) y COPYME (Confederación General de las Pequeñas y Medianas Empresas del Estado Español) saludamos la actual renovación de cargos de la CNMC, Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Esperamos que se abra una nueva etapa que elimine el actual caos de la competencia y que el organismo vigilante imponga su autoridad ante los grandes defraudadores y las posiciones de dominio. Deseamos que los informes que elaboren por incumplirse las reglas sean claros y detallados para que tengan repercusión.

Aunque la CNMC se creó en 2013 para preservar, garantizar y promover el correcto funcionamiento de los mercados, sin embargo, desde CIAE y COPYME constatamos que, en líneas generales, ese organismo ha funcionado en la defensa del modelo "Uber" en la economía, sin proyectar medidas contundentes que impidan el constante uso fraudulento de las leyes de la competencia. Y así, año tras año, los grandes han ido ampliando su dominio de mercado, causando con ello un grave perjuicio para la igualdad de oportunidades y la economía real.

En España operan asiduamente empresas que crean un oligopolio o cártel, que es el acuerdo o práctica concertada entre dos o más competidores con el objetivo de coordinar su comportamiento competitivo en el mercado, estos cárteles están insertos como hongos en los entresijos de la economía española, casi ningún sector se libra de hacer trampoas. Por ejemplo, cuando operan en los concursos públicos falsean la competencia para repartírselos de manera ilicita por medio, en muchas ocasiones, de la constitución de diversas Uniones Temporales de Empresas (UTEs).

Otro ejemplo lo dan los cárteles del sector lácteo que acumulan sanciones millonarias por infringir la ley de competencia, como el intercambio de información para fijar precios, volúmenes de compra o excedentes de leche, pactos de ese tipo van contra la Ley de la Cadena Aimentaria, pero la normativa no es suficientemente disuasiva y logran saltarse los controles. Ejemplos de este tipo son noticia con demasiada frecuencia.

Cuando la CNMC ha aplicado sanciones, con mucha frecuencia son anuladas por la Audiencia Nacional, admitidos a trámite los recursos de las empresas, se alegan defectos de forma en el procedimiento, porque los informes de la CNMC, en esencia, adolecen de precisión y claridad.

El ya expresidente de la CNMC, Marín Quemada, presumía de multar mucho, pero era de modo irrelevante, sólo un residual 3,3% de las sanciones se han hecho efectivas, el proceso jurídico y administrativo hace que sea prácticamente imposible que se cobren las multas y lo que las empresas ganan por delinquir es más ventajoso que lo que les sale a pagar por hacerlo. En consecuencia, la corrección de comportamientos tiene, en realidad pocos estímulos y la tortuosa ruta para cobrar una multa puede alargarse ocho o diez años. El propio Marín Quemada reconoció que la "corrupción y la coluisón cada vez están más próximas" y admitió que "ése no es el modelo ni la educación que tenemos que dar dentro de la empresa".

Para CIAE y COPYME la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), constatando los resultados, no ha cambiado la conducta de los oligopolios, incluso para justificar sus medidas tibias se escudaba en la "defensa" de los consumidores, perjudicando en múltiples ocasiones los intereses de los autónomos y pequeñas empresas. Tampoco modificó la conducta de las grandes cadenas de distribución tolerando la realización de pactos que iban contra la Ley de la Cadena Alimentaria, alianzas que les ha aportado un sustancioso control de cuota de mercado.

Ojalá que la renovación de la CNMC acabe con los sistemas de actuación fraudulenta y abusiva, dotando a ese organismo de la necesaria transparencia y medios para realizar su labor, urge que se regule una competencia efectiva y justa en todos los ámbitos y sectores productivos por el bien del mercado y la igualdad de oportunidades. Ya va siendo hora que los pícaros no salgan beneficiados.