La economía empresarial española muestra avances recientes en dimensión media y normalización del acceso al crédito, pero mantiene rasgos estructurales persistentes: atomización elevada, densidad limitada del tramo intermedio, brecha de productividad asociada a composición, base exportadora limitada y elevada dependencia del canal bancario.

El tejido empresarial español está dominado por unidades de muy pequeño tamaño. A 1 de enero de 2025, el 54,4% de las empresas no empleaba asalariados y el 81,6% tenía dos o menos; en torno al 95,9% estaba por debajo de 10 asalariados (0–9). Esta configuración es estructural porque condiciona inversión, incorporación de capital tecnológico, profesionalización de la gestión y capacidad de absorción de shocks.

En los últimos años se observa un incremento del tamaño medio empresarial, coherente con una dinámica de concentración del empleo en tramos superiores. Entre 2018 y 2025, el tamaño medio (trabajadores por empresa) habría aumentado un 19,3% (de 10,3 a 12,3), mientras el número total de empresas apenas cambió (+0,2%) El patrón apunta a un efecto composición (más peso de empresas medianas y grandes) más que a una desaparición del rasgo central: atomización elevada.

Las pymes siguen concentrando una parte mayoritaria del empleo empresarial. En agosto de 2025 se estiman 11,35 millones de empleos en pymes (0–249 asalariados) frente a 7,04 millones en grandes (≥250) Dentro del segmento pyme, el dinamismo es desigual: el potencial de creación/absorción de empleo crece con el tamaño, lo que refuerza la centralidad del “tramo intermedio” para consolidar empleo estable y escalable.

España mantiene una brecha de productividad frente a la media europea, con un componente estructural relevante. Un indicador comparable (UE-27=100) sitúa la productividad por hora trabajada de España en 93 (referencia de la tabla citada) La evidencia es consistente con que parte del diferencial se explica por composición: elevada presencia de microempresas y especialización sectorial con peso significativo de actividades de menor escala media.

La proporción de pymes con presencia internacional es contenida. En resultados asociados al XIV Informe de CESGAR se indica que el porcentaje de pymes que vende en mercados extranjeros bajó al 9,1% en 2024 (desde 9,7% en 2023) La probabilidad de exportar e innovar aumenta con el tamaño, reforzando el vínculo entre dimensión, productividad y competitividad internacional.

Una proporción significativa del tejido declara necesidades de financiación: 47,7% en 2024 según CESGAR. El acceso bancario aparece más normalizado: “nueve de cada diez” pymes con necesidad de financiación bancaria declaran haberla obtenido y aceptado; no obstante, el coste sigue siendo el principal obstáculo (38,1%)

El destino de la financiación revela una prioridad operativa: 64,6% se orienta a circulante. La inversión aparece con peso significativo (53,4% sumando equipo, innovación e inmuebles), pero las inversiones transformadoras (digitalización y sostenibilidad) se sitúan en 23,4%. Este patrón apunta a una modernización presente pero todavía no dominante en la base empresarial.

Los indicadores agregados reflejan una mejora gradual, pero con dispersión por tamaño y sector: conviven empresas en estabilidad/crecimiento con segmentos que mantienen presión de costes, márgenes comprimidos y sensibilidad al coste financiero (que sigue figurando como fricción principal).